El ser humano es un elemento omnipresente en nuestro planeta, pocos lugares quedan ya inexplorados, vírgenes de nuestra presencia. Sin embargo juega un papel secundario respecto al paisaje que le rodea, que le relega a un segundo plano de protagonismo, enfatizando su poca importancia. El entorno, ya sea natural o artificial, siempre es el dominante en la escena y nos incita a pensar que más allá de la fotografía continua expandiéndose, haciéndonos aún más insignificantes.

Inmersos en nuestros pensamientos o actos no levantamos la cabeza para mirar a nuestro alrededor y percatarnos de ese estado de conciencia en el que asumimos nuestro pequeño lugar en el mundo. Pero al pararnos a observar, alejándonos de nuestra distracción, nos invade una sensación de humildad que nos permite ser más libres. Ese estado de abstracción del ser humano, aturdido y solitario, nos debería servir de reflexión y permitirnos despertar con plena conciencia del lugar que ocupamos, sirviendo de herramienta para alcanzar el sosiego, liberándonos de todo aquello, muchas veces superfluo, que nos ocupa gran parte de nuestro tiempo.